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Eclesiologia, por Elissah: un curso parroquial.

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Icono de San Agustín.

EL PUEBLO ESCATOLOGICO

Lo más característico de este Nuevo Pueblo de Dios es su trascendencia a la eternidad. Lo hemos contemplado único y sin confusión posible con ningún otro pueblo. Ese pueblo único que arranca de Abraham y su progenie "según la carne" y se prolonga hasta nuestros días por los descendientes de Abraham "segun la fe", a través de las generaciones y de los siglos va entretejiendo su historia con la historia de todos los pueblos de la tierra, en una aparente igualdad de desarrollo y de destino, pero no es así: es un pueblo eminentemente "escatológico" (del griego eskhatos= lo último; logos= ciencia o tratado), es decir, es un pueblo que tiene referencia, relación con las otras cosas que habrán de sobrevenir al final de los tiempos.
En un sentido más amplio, quiere decir que este pueblo no se limita a una vivencia actual, del momento, como quien vive sólo para hoy, para las cosas temporales. No, este pueblo desde siempre intuyó en su devenir un futuro misterioso, pero cierto.

De este modo, en el Antiguo Testamento, Israel es un pueblo escatológico, porque, aunque su idea de eternidad y destino en la vida eterna es al principio nulo por cuanto la Promesa se le presenta en cosas propiamente temporales. Más tarde con los profetas poco a poco va descubriendo destinos superiores; ciertamente conservó siempre una idea escatológica, aunque a corto plazo, es decir, su escatología no trascendía los tiempos mesiánicos. Israel vive la idea de la venida de un Mesías, pero con realizaciones temporales. Podríamos decir que es un mezcla de lo temporal con lo propiamente escatológico.
Se sienten los judíos protagonistas en un mesianismo, esperan que nazca un Mesías de entre ellos, pero mesianismo y Mesías les son confusos en cuanto qué, para qué, y cómo ha de ser.
De aquí que sean muchos de ellos los que a la vista de Jesús sufran una decepción: ni era ese el tipo de Mesías que esperaban ni checaba con sus ideales la doctrina de la paz, perdón, humildad, contradicción de sí mismo y austeridad que Jesús les ofrecía.
Aunque los discípulos más cercanos de Cristo pronto entrevén la diferencia, propiamente pasan ciegos los tres años de la vida pública del Maestro. No dejan de mantener la ilusión del reinado temporal y los promeros lugares en él, y aún hay quien le reproche al Señor por el arrojo de marchar a Jerusalén exponiéndose a una muerte segura.
Para todos, se puede decdir, la muerte en el patíbulo de Cristo suena a derrota total y definitiva, y el desànimo llega a niveles de desolaciòn. Las primeras noticias de la Resurrecciòn son apenas atendidas y màs bien se toman como figuraciones de las mujeres que se han adelantado al sepulcro. Pero la sorpresiva presencia del Señor en medio del cenàculo cerrado cambia definitivamente la metalidad de aquellos hombres: Jesùs ha resucitado, luego entonces el destino de nuestro pueblo no termina con la muerte.
La narraciòn de los de Emaùs acerca de còmo el Señor les hizo repasar las Escrituras, el destino del Nuevo Pueblo de Dios no se limitaba a las dimensiones pobres del tiempo, sino que iba màs allà, mucho màs allà, traspasaba las barreras de la muerte para prolongarse sin tèrmino en la eternidad.
Los cuarenta dìas pos-resurrecciòn del Señor fueron dedicados a fincar en sus apòstoles la convicciòn de la importancia de su destino, siendo su ùltimo mandato el de la escatologìa suprema: "recibirèis el Espìritu Santo y serèis mis testigos en Jerusalèn, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra." ( Hechos 1, 6-9 )

Dos sentidos

El sentido de escatología del Pueblo de Dios tiene dos acepciones: por una parte significa el destino universal de todos los miembros del Pueblo de Dios a una perdurabilidad en el cielo en la que darán gloria a Dios y recibirán la felicidad que sólo en Dios mismo pueden encontrar, y por otra parte se entiende también por escatología todo aquello que ha de acontecer en los últimos tiempos como los hechos precedentes a la llegada del Señor en su segunda y definitiva venida.</span>

La escatología nos presenta además los pasos que el hombre habrá de seguir : muerte, juicio personal, infierno o cielo. Muchos han especulado sobre el cómo, cuándo, dónde, etc de estas realidades. Los hay que niegan el infierno material aduciendo que el ser espiritual del alma no admite sufrimientos materiales, lo que se haría extensivo al purgatorio. Sin embargo, lo que sabemos a ciencia cierta es que Dios es remunerador, que con entera justicia dará a cada quien lo que le corresponde. Sin las profundidades teológicas, sabemos que la presencia de Dios es por sí sola nuestra eterna felicidad pues para ello fuímos creados; la ausencia de Dios es por sí sola el extremo de los males porque nos desliga para siempre de nuestro final destino.
La concepción de San Pablo sobre la salvación es de una amplitud maravillosa: comprende desde el designio eterno, hasta el dond e la inmortalidad gloriosa y la resurrección de los cuerpos a la segunda venida de Cristo. El plan de Redención, misterio oculto en los primeros tiempos, revelado a los apóstoles, fue preparado y decidido por Dios desde la eternidad. (cf. Ef 1, 3-6).
Todo ello sería inalcanzable para nosotros si no fuera por la acción constante del Espíritu Santo dentro de nosotros y aún delante del Padre en favor de nosotros. Así San Pablo se afana en infundir y sostener la esperanza en la escatología de nuestro destino: "El Dios de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo…" (Rom. 15,13)
San Pablo nos presenta ahora el contraste entre quienes viven esa esperanza y los que, en cambio, ponen su corazón y su inteligencia en las cosas perecederas: "Porque muchos viven según os dije tantas veces, y ahora os lo repito con lágrimas, como enemigos de la cruz de Cristo, cuyo final es la perdición, cuyo Dios es el vientre, y cuya gloria está en su vergüenza, que no piensan más que en las cosas de la tierra. Pero nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos, como Salvador al Señor Jesucristo, el cual transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene de someter a Sí todas las cosas" (Fl 3, 18-21)

En cuanto a cómo puede realizarse en la eternidad la escatología de este Nuevo Pueblo de Dios, sólo sabemos que su plenitud, aquella para la que hemos sido creados en lo individual y comunitario, es cosa cierta, pero la parte final del Misterio. El Apóstol no presume de saber más que nosotros, pero sus palabras ayudan a elevar el pensamiento: ¡ Oh abismo de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios!. ¿Cuán insondables son sus designios e inescrutables sus caminos!. En efecto, ¿quién conoció el pensamiento del Señor?, ¿o quién fue su consejero?, ¿o quién le dio primero que tenga derecho a la recompensa?. Porque de El, por El y para El son todas las cosas. ¡A El la gloria por los siglos! Amén.

**- Lo más característico del Pueblo de Dios es su ser escatológico.

- La escatología del Pueblo de Dios se entiende en varios sentidos: por lo que respecta a los hechos que acompañarán la Parusía del Señor; por el papel que le toca a este Pueblo desempeñar como agente de salvación en los últimos tiempos, y , lo más característico, por su perdurabilidad en la Vida Eterna.
- El Pueblo de Dios encontrará su plenitud en la escatología eterna.
- La felicidad eterna radicará en la presencia del Señor y su gloria.**

PREGUNTAS:

1. ¿Por qué decimos que lo más característico del Nuevo Pueblo de Dios en comparación con los demás pueblos, es su ser escatológico?
2. ¿Cómo es que la presencia o ausencia de Dios determina el estado de felicidad o de condenación del hombre?
3. ¿Qué deberes impone la escatología a:
a) el Pueblo Cristiano con respecto a los demás pueblos,
b) el crsitiano practicante con respecto a los cristianos indiferentes?

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